No aprendemos

Urge detener el deterioro de la educación en nuestro país y repensar el sistema en su conjunto para garantizar una mayor inclusión y calidad educativa La Nación. 27 de junio de 2022

Los resultados de las pruebas Aprender, realizadas simultáneamente en diciembre 2021 entre alumnos de sexto grado de casi 20 mil escuelas primarias de todo el país –más de 600 mil estudiantes–, mantienen encendidas las peores alarmas.

Un 44% de los alumnos tuvo problemas de lectocomprensión, equivalente a casi el doble del porcentaje registrado en 2018, algo que los expertos vinculan con el menor contacto interpersonal impuesto por el Covid-19, que impactó sobre esta habilidad. Dentro de ese segmento, un 22% quedó incluso por debajo del nivel mínimo que plantea la currícula. El deterioro en matemática, ya en un piso bajo en la anterior medición, siguió profundizándose: pasó del 42 al 45%.

Dentro de ese esquema, los datos que arrojó la provincia de Buenos Aires fueron preocupantes: los alumnos registraron un fuerte retroceso. Mientras en matemática aprobó con nivel avanzado y satisfactorio el 54% –en relación a 2018 fue una caída de 2,4%–, en lengua se produjo el mayor retroceso, ya que fueron aprobados con nivel avanzado y satisfactorio el 56,9%, lo que marcó una baja de 18,6% con relación a aquel año.

Las características socieconómicas de los evaluados, surgidas de la administración de un cuestionario adicional, explican en parte el desempeño escolar, asociado también a los duros efectos de la pandemia sobre numerosas familias que vieron empeorar notoriamente su situación.

En directa relación con la composición mayoritaria de sus matrículas, y al igual que en años anteriores, las escuelas privadas reflejaron mejor performance que las estatales. Por ejemplo, mientras el 43% de quienes se ubican en niveles bajos no alcanzan el rendimiento básico en matemática, para el nivel medio y alto corresponden 20% y 10% respectivamente. Casi 7 de cada 10 alumnos de entornos socioeconómicos bajos no alcanzan un nivel satisfactorio de comprensión de texto y 4 de cada 10 ni siquiera llegan al nivel básico.

 

El exministro de Educación Juan Llach señala como una de las fallas de la educación argentina la segregación entre escuelas pobres y no tan necesitadas, claramente evidenciada durante la pandemia con insalvables diferencias de conectividad y equipamiento tecnológico.

El Observatorio Argentinos por la Educación afirma que los resultados de las pruebas son una clara consecuencia de la pandemia.

En opinión del ministro de Educación, Jaime Perczyk, en tanto, la situación planteada es consecuencia de la pandemia y del “desfinanciamiento del sistema educativo del gobierno anterior”. A ese comentario reaccionó con dureza la ministra de Educación porteña, Soledad Acuña, quien le reclamó a su par en la Nación no haber tenido el coraje de abrir las escuelas a tiempo y carecer de un plan para revertir esta situación.

Continuar financiando un sistema que no funciona no parece ser la mejor alternativa. Como hemos señalado en reiteradas ocasiones en estas columnas, se plantea la necesidad de introducir cambios si pretendemos conseguir resultados más auspiciosos. Con niveles de pobreza tan escandalosos, son demasiados los chicos cuyos padres no completaron la escolaridad y no pueden, por tanto, acompañarlos, señala la Fundación Cimientos al fundamentar la propuesta de tutorías personalizadas.

Promover la jerarquización salarial del docente sumándole incentivos pecuniarios, renovar su formación, modificar las currículas para acercar los aprendizajes a las necesidades del mundo del trabajo y acortar las diferencias entre los establecimientos a los que asisten los más y los menos necesitados son solo algunos de los desafíos que enfrentamos, en opinión de Llach.

Cuando nuestro país sufre hoy la situación de millones de compatriotas por debajo de la línea de pobreza, las evaluaciones educativas solo vienen a confirmar que el futuro se vislumbra aún más sombrío. No leer adecuadamente el mensaje de las pruebas Aprender y distraernos con inconducentes enfrentamientos entre dirigentes nos condenará al peor de los mundos. No hay futuro sin educación.

 

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